La termografía infrarroja nos permite obtener un mapa de la temperatura superficial de un objeto, así pues, suele ser una técnica no invasiva útil para detectar y estudiar problemas que estén asociados a algún proceso térmico. Así, los problemas de humedades, filtraciones de aire y defectos de aislamiento en la construcción pueden ser estudiados mediante esta técnica.
Cuando existe un puente térmico o un defecto de aislamiento, la mayor pérdida de calor que se produce en la zona afectada hace que la temperatura en la superficie exterior de la edificación sea mayor (en condiciones de invierno, cuando el interior está calefactado) o menor (en condiciones de verano, cuando el interior está refrigerado). Un termograma de la fachada, realizado a la hora correcta para evitar los efectos de la radiación solar, nos da la información precisa para detectar estos defectos.
Los problemas de humedades también se pueden asociar a procesos térmicos. La zona húmeda de un forjado donde se esté dando este problema presenta un mayor calor específico, así va a tardar más tiempo en calentarse o enfriarse ante la variación de condiciones ambientales y por ello en los termogramas se podrá observar un patrón que descubrirá el defecto.

Las infiltraciones de aire se deben generalmente a defectos de sellado o grietas, que en ocasiones dan lugar a situaciones inadmisibles. Si generamos una depresión artificial en el local objeto de estudio, donde exista el defecto se va a producir un enfriamiento debido al aire que circulará por las rendijas, lo que permitirá que en el correspondiente termograma sean detectadas con facilidad.